El hogar es muy importante porque constituye la privacidad personal. El trabajo del hogar en principio es una carga, pero si se comparte puede mejorar las relaciones familiares. El hecho de tener un hogar limpio y ordenado impacta en nuestra vida y en nuestro trabajo. Nos preparamos mucho para triunfar en el plano profesional. La mujer se ha incorporado de lleno al mercado de trabajo. Se percibe un poco de desprecio en la sociedad hacia las tareas domésticas. Además, en la sociedad se exige la perfección en todo, lo cual es imposible de alcanzar.
También hay que tomar conciencia de la necesidad de delimitación del tiempo libre y del tiempo del trabajo, porque si en casa nos mantenemos conectados a pantallas se corre el riesgo de prestar a la familia un tiempo de baja calidad, porque no estamos comprometidos y abiertos al diálogo. Lo importante es que el tiempo que se pasa en familia sea de calidad. Por tanto, hay que gestionar el tiempo que pasamos ante pantallas para respetar los valores y la convivencia familiar.
Las tareas del hogar son una oportunidad para cuidar al otro desde lo material. Esto es lo que nos puede aportar y merece la pena cambiar el chip en ese sentido. El trabajo del hogar es un trabajo de todos y de él depende la felicidad en el hogar. Y si además, se agradece mucho mejor porque hay que dedicar tiempo a descubrir los aciertos de los demás para agradecerlos. En un estudio con personas enfermas terminales se les preguntó de qué se arrepienten en a vida y dicen que se arrepienten de no haber pasado más tiempo con su familia. La familia genera orden mental y espiritual. Lo importante es crear vínculos en casa y comunicarse sobre lo que está bien y lo que está mal. Hay qu e poner mucha visión en la meta y adquirir compromisos de cara a ayudar al otro, de forma que nos compense. En el estudio se vio que las mujeres se involucran más en las tareas del hogar cuando son más jóvenes, al revés de lo que les sucede a los hombres, que se involucran más cuando son más mayores. En las nuevas generaciones las tareas están más repartidas.

En un estudio que se realizó sobre el barómetro de la familia, se han producido cambios de hábitos y emocionales en la familia tras la pandemia. La familia es la institución más valorada, donde cada uno es aceptado y querido tal como es. La incertidumbre e inestabilidad que hemos vivido también afecta a la decisión de formar una familia. Hoy es más difícil formarla.
También se vivencian problemas de salud mental generados por la pandemia, en las que se manifiestan problemas de angustia, preocupaciones y alteraciones del sueño. El deterioro es diferente en los adultos, que se enfrentan a preocupaciones, incertidumbre y soledad, de los jóvenes, que se enfrentan a problemas con las redes sociales, buylling y baja autoestima. Preocupa la gestión de los hijos de las redes sociales, el acceso a contenidos violentos en internet, la imagen a la que se presiona a las niñas e influencias de la educación. También preocupa la soledad de los menores.
Los entornos familiares son causa y solución de los problemas del hogar. Influyen dos fenómenos a la hora de formar una familia: las mujeres en edad de ser madres retrasan la edad a la que tienen los hijos y por otro lado, hay una diferencia entre los hijos que se desean tener y los que realmente se tienen.
Por último, hay dificultades para fomentar una solidaridad intergeneracional de atención a nuestros mayores. En los jóvenes la preocupación es que se retrasa la edad de emancipación y también el paro juvenil.
Por todo ello, es necesario diseñar una estrategia demográfica y medidas y políticas de corresponsabilidad que favorezcan la conciliación, así como flexibilización en los trabajos y mayor racionalización o estabilidad en los trabajos.








