Todas las entradas por Claudia Black

Acerca de Claudia Black

Hola, soy escritora y acabo de publicar en www.amazon.com la primera novela de una saga de ciencia ficción titulada "El tridente del poder". El primer volumen se titula "La Tierra en peligro". La especie humana y la Tierra se encuentran amenazadas por una serie de peligros desencadenados por un grupo de extraterrestres del planeta Petrón, que persiguen su extinción. Creo en el esfuerzo constante de las personas por afrontar sus situaciones y salir adelante. En la novela se manifiestan ejemplos de ello. Como escritora busco fomentar el amor por la lectura y potenciar la creatividad y la imaginación, como herramientas que fomentan el poder personal para transformar el mundo.

Manuel Gil: visionario de la edición

Esta entrevista es muy interesante para editores y autores.

Coaching editorial

Por Claudia Cáceres Rivero

Vivimos en tiempos acelerados, ciertamente. Si a comienzos del nuevo siglo, el avance tecnológico era visto con aires apocalípticos, hoy es una realidad de la cual cada vez somos más dependientes. La industria editorial no ha sido ajena a estos cambios, y como muestra tenemos la expansión del libro electrónico, que ha favorecido la autopublicación de autores indies en digital. Para tratar sobre este tema, conversamos con el consultor y experto en nuevas tecnologías Manuel Gil.

Manuel Gil es licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid y Master en Dirección Comercial y Marketing. Ha publicado en coautoría los libros El paradigma digital y sostenible del libro (Trama Editorial, 2011), Manual de edición: Guía para editores, autores, correctores de estilo y diagramadores (CERLALC, 2009 [1996]), entre otros textos y artículos. Actualmente, se desempeña como director de la Feria del Libro de Madrid y analiza el…

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Plan de medios sociales de un Community Manager

PLAN DE MEDIOS SOCIALES

OBJETIVOS:
– Optimizar la imagen y reputación de la institución educativa.
– Gestionar una comunicación dinamizadora y eficiente en las redes sociales.
– Generar y compartir contenidos de calidad.
– Representar a la comunidad educativa y encauzar sus aspiraciones y proyectos.
– Adoptar estrategias para mejorar la visibilidad del centro y el número de seguidores interesados.
– Identificar oportunidades de relación con influenciadores.
– Mediar como agente de cambio entre la comunidad educativa y la sociedad.

Asistirás a eventos, impartirás conferencias y te transformarás en un comunicador nato.

Dominarás las nuevas tecnologías a tu alcance. Utilizarás las herramientas disponibles con maestría.

Impulsarás la proyección social de la institución educativa.

Gestionarás de forma eficiente el tiempo para optimizar resultados.

ACTIVIDADES:
– Sesiones de networking.
– Reuniones y coordinación con el equipo.
– Planificación de la estrategia de marketing de contenidos.
– Realización de un calendario de publicación editorial.
– Monitorización de los contenidos.
– Diálogos con los agentes educativos y los interlocutores sociales.
– Publicación selectiva en las redes sociales.
– Elaboración y divulgación de vídeos.
– Implicación en conferencias y eventos.
– Manejo eficiente de herramientas propias del Community Manager.
– Mejora del nivel de calidad y cantidad de la participación en el centro y en las redes sociales.

PÚBLICO:
– Comunidad escolar interna: claustro de profesores, jefes de estudio, jefes de departamentos, biblioteca, comisión de coordinación pedagógica.
– Asociación de padres de alumnos.
– Delegados representantes de los alumnos.
– Instituciones educativas externas.
– Centros culturales relacionados con el centro: Instituto Confucio, viajar seguro. Org, etc.
– Centros que pueden aportar información complementaria al centro.
CANALES:
Virtuales:
-Facebook.
-Twitter.
-LinkedIn.
-Youtube.
-Tuenti.
-Google.
-Instagram.
-Whatsapp.
-Snapchat.
-Pinterest.
-Sargoi.
-Socialbluebook.
Físicos:
-Reuniones, networking, conferencias, eventos…
ESTILOS DE COMUNICACIÓN:
Se utilizará, principalmente, un estilo de comunicación asertivo, de modo que se utilice la empatía, la escucha activa. La comunicación no verbal se utilizará de forma coherente con el mensaje que utilizamos.
PLAN DE CONTENIDOS:
-Reuniones periódicas con la comunidad educativa del centro para conocer de primera mano sus necesidades. Pueden ser de carácter mensual, ya que los interlocutores participarán en expresar sus problemas, sus inquietudes y sus aspiraciones.
El Community manager ha de ser agente mediador entre el centro y la sociedad, de modo que ha de representar la voz del centro y en la medida de lo posible, ha de encauzar los recursos virtuales que faciliten su resolución o actúen como soluciones complementarias.

– Publicación en las diversas redes sociales de contenidos de calidad al menos dos días por semana. En función del tiempo invertido a esta actividad se puede incrementar.
-Utilización constante de las herramientas que nos van a permitir:
1. Establecer diálogos con la comunidad:
Beetwen, Google groups, tribber, Hootsuite, LinkedIn Answers, etc.
2. Construir comunidad:
Facebook Ads, Hashtag.org, Twitter Counter, Nimble, etc.
3. Crear y compartir contenidos:
Slideshare, Twitvid, Vimeo, etc.
4. Dinamizar comunidades:
TwtPoll, Feedly, etc.
5. Medición de resultados:
Twitrratr, The Archivist, etc.
6. Análisis de resultados:
Retweetist, Peerindex, Klout, etc.
-La evaluación continua ha de realizarse para medir la efectividad y eficiencia de los resultados.

Te convertirás en un héroe al atravesar una jungla informativa y ser capaz de seleccionar los medios y herramientas necesarios para optimizar los resultados.

Serás capaz de encontrar salidas adecuadas en el laberinto informativo en el que te vas a zambullir.

El amor se fragua en el plató.

Creative Commons Attribution 4.0

EL AMOR SE FRAGUA EN EL PLATÓ

La primera vez que la observé a través de la pantalla pensé: tiene que ser mía. Esa melena color caoba que le caía como si de una cascada se tratase hasta la cintura en suaves capas desniveladas, esos labios carnosos que reclamaban en silenciosa súplica –bésame-, y esos ojos, que parecían refulgir como zafiros resplandecientes, tributos que me conmovían hasta el punto de reclamar mi derecho a disfrutarlos. Su belleza radicaba en la armonía de sus rasgos y facciones. Toda ella desprendía una gran vitalidad. Por las mañanas, deseaba levantarme para encender la pantalla y verla. Su sonrisa me deslumbraba. Desayunaba con ella, comía con ella y me dormía pensando en ella. Era una diosa encarnada que exigía su derecho al trono en este paraíso terrenal. Continuamente, invadía mi pensamiento y mi vida. No podía dejar de pensar en esa mujer. ¡Y qué fuego emergía de sus entrañas¡ Tal llama la elevaba a la categoría de una deidad.
Mis amigos no me comprendían. Cuando compartía con ellos mis sentimientos por Sonia, que así se llama mi amada, me decían que me olvidara. Uno de ellos incluso me recomendó que asistiese a un psiquiatra. ¿Estaba enfermo de amor? Si estar sublimemente enamorado constituye una patología, entonces sí estaba enfermo. Ella dotaba de sentido mi vida. He aprendido a convivir con la contradicción. Por un lado, pensar en Sonia y en sus atributos me colmaba de felicidad pero por otro, sentir que aún no formaba parte de mi vida me llenaba de desdicha.
Soy diseñador gráfico. Con mi portátil trabajo desde casa por las tardes, ya que por las mañanas me entrego a Sonia. Un buen día, salió en el programa una misiva que cambió por completo mi vida. Rezaba así: -Si quieres participar como público en el programa, contacta con el siguiente teléfono…-No podía dar crédito a mi suerte. Esa era la oportunidad que estaba esperando. Llamé al instante y me confirmaron que podría asistir al día siguiente. Sólo tenía que estar a las 08’30 h. en un punto del sur de la ciudad para tomar un autobús que nos conduciría a los estudios televisivos. Aquella noche no pegué ojo. Sonia dominaba mi pensamiento y yo contaba las horas que me restaban para conocer, por fin, a mi amada. A las 06’00h. me levanté. Me duché y me embriagué con mi mejor fragancia. Me afeité muy bien, me apliqué mi loción aftershave y me puse mis mejores galas. Me encaminé al punto de encuentro. Un grupo de jóvenes esperaban con paciencia al autobús. Nos recogió a todos y cuando llegamos a los estudios me sorprendió la magnanimidad de sus instalaciones. Nunca antes había estado en un plató. Los focos inundaban el techo, los había de todos los tamaños. Los paneles eran móviles. Hasta el sofá en el que se asentaban los invitados tenía ruedas.
-Tú te sientas aquí-me dijo la coordinadora del público, interrumpiendo el hilo de mis pensamientos.
-¡Guau! En primera fila. ¡Oh, Dios, ahí estba ella! No es posible. Era más guapa todavía al natural. El personal no cesaba de darle los últimos retoques con laca y maquillaje. ¿Para qué? Si no los necesitaba. Lo suyo era belleza natural. Sonia no cesaba de repasar el guión.
-Prevenidos ¡ya!-dijo un técnico mientras hacía descender un papel enrollado.
Sucumbí al hechizo de su voz aterciopelada cuando empezó a hablar. Juro que en ese momento me sentí celoso de la cámara, que seguía sus movimientos a modo de un coqueteo seductor. Apenas me enteré de la entrevista que mantenía con sus invitados porque me sentía obnubilado mientras seguía el fluido movimiento de sus músculos pectorales.-¡Que cadencia rítmica tan llena de armonía!-pensé para mis adentros. Y cada vez que se levantaba el desplazamiento ondulante de sus caderas me volvía loco. Además, su melena cobriza se agitaba como si estuviera a merced del viento. Traté de disimular, como pude, una involuntaria erección. Menos mal que llevaba un periódico. Solo deseé que no me enfocasen justo en ese momento.
El programa siguió su curso y cuando me quise dar cuenta ya había terminado. Había perdido la noción del tiempo. Mi turno había llegado. Me acerqué a ella con sigilo mientras disfrutaba de su embriagadora fragancia. Me presenté:-Señorita Sonia, soy Daniel y me considero su más ferviente admirador.
-Encantado, Daniel-me respondió mientras me tendía la mano. Me dirigió tal sonrisa que juro que ese instante se quedó congelado en mi mente. Me quedé tan petrificado por la emoción que fui incapaz de articular palabra alguna. Cuando me di cuenta la ninfa de mis sueños se había esfumado. ¿Y eso era todo? No podía quedar así la cosa. Hervía en mi fuero interno un ansia tal por poseer a esa mujer que me equiparaba al guerrero fiero sediento por exhibir sus atributos en el clamor de una batalla.
Traté de sumergirme en mi trabajo de lleno, aunque las interferencias en mi concentración eran continuas. Sonia se había instalado en mi imaginación como una intrusa. Recuerdo que me restregué los ojos, agotado, como si así pudiera ahuyentarla. Como un autómata, me levanté y telefoneé para asistir como espectador del programa. Pero esta vez trazaría un plan. Cuando finalizase la grabación le pediría una cita.
Al día siguiente me sentí un privilegiado cuando me volvieron a ubicar en la primera fila. Cuando la bella hizo su aparición me quedé boquiabierto. ¿Eran imaginaciones mías o estaba todavía más despampanante que la vez anterior? Su escote era más pronunciado, sin duda. Sus protuberancias se dejaban entrever de un modo sumamente evocador. Mientras le daban los últimos retoques de maquillaje, me pareció que me miró un instante. La forma de posar su mirada sobre mí me resultó muy perturbadora. ¿Pretendía lanzarme algún tipo de mensaje encubierto? La observé con atención pero concluí con una respuesta negativa. Yo era uno más. ¡Qué decepción! A pesar de todo, me pasé todo el programa embobado, rendido a sus encantos. Al finalizar el mismo, le pedí un autógrafo. Casi me desvanezco. Hasta su aliento despedía un efluvio sublime. Y un único roce con sus dedos se asemejó a una sedante caricia. Me quedé tan bloqueado que cuando me quise dar cuenta tan solo un halo de magnanimidad quedaba como reducto de su presencia. Atontado, salí del plató. Un tablón de anuncios llamó mi atención. Me acerqué y unas circulares divulgaban ofertas de trabajo. Intrigado, las leí. –Vaya, esto sí que es una sorpresa-pensé al leer: se requiere diseñador gráfico con nociones de edición de audiovisuales. Interesados enviar el currículo al siguiente correo electrónico…dictaba el anuncio.-Coincide justo con mi perfil. –pensé. Así que en cuanto llegué a casa envíe el currículo a dicho email, lleno de ilusión y confianza en que conseguiría el puesto. Y, mira tú por donde, al día siguiente me citaron para una entrevista en la misma cadena de televisión del espacio de Sonia. Me explicaron que necesitaban editar vídeos musicales de varios cantantes para su difusión. Acepté todas las condiciones sin reservas y a los dos días me llamaron. No daba crédito a lo que oía. El puesto era mío. Empecé un día después. Me personé en los estudios a las 09’00 h. de la mañana. Me presentaron a la estrella de turno y a grabar. En general, tardaba unos tres días en registrar y retocar el vídeo. Estaba encantado de la vida con mi nuevo curro. En una de las ocasiones salí un rato para fumarme un pitillo y allí estaba ella, tan segura de sí misma como una diosa sabedora de sus múltiples cualidades y poder, celosamente guardados para asentar su reinado. Con la misma rapidez con la que salió entró al plató. Su marcha era precedida por un rítmico sonsonete, producto de sus tacones de aguja. Mientras abría la puerta reparó en mi presencia y ¡me guiñó un ojo! Me quedé tan atónito que un súbito cosquilleo descendió hasta mi estómago. Aquella noche casi no pude dormir y lo poco que lo hice soñé con mi ninfa, indiscutible protagonista de mi universo onírico.
Mis amigos manifestaron su preocupación por mí cuando empecé a adelgazar a marchas forzadas, debido a mi repentina pérdida de apetito. –Tío, tú no estás bien. Ni comes ni duermes-me decían unos. –Tu enfermedad se reduce a tu enamoramiento. Pídele una cita-me decían otros. Lo único que me absorbía hasta el punto de apartarla de mis pensamientos era mi trabajo. A pesar de esos contactos ocasionales mantenidos con la musa de mi vida, sentía tal distancia entre nosotros que se me antojaba insalvable. Entonces, empecé a ponerme melancólico. Mis rutinas se reducían a ir de casa al trabajo y del trabajo a casa. Y una vez que estaba en mi hogar, del sofá a la cama y de la cama al sofá. Dejé de atender las llamadas de mis innumerables amigos. La apatía dominaba mi vida excepto el ámbito laboral. Ni siquiera me apetecía realizar las tareas domésticas, en las que siempre me había desenvuelto bien. En este plan, decidí contratar a una empleada de hogar, que además de limpiar la casa me preparaba las comidas, porque no me apetecía ni cocinar. El único hiloconductor que me conectaba al mundo era mi trabajo, en el que me sumergía como una tabla de salvación a la que se aferra un naufrago en alta mar.
Un día, dos de mis amigos se presentaron en mi casa con el semblante preocupado. –Tío, no sabemos nada de ti. ¿Qué tal estás? ¿No ves que estás hecho polvo? Es evidente que sufres mal de amores. A ver, ¿cómo se llama la afortunada? Resignado, les señalé el sofá para que se acomodasen. Les serví unas cervezas con aceitunas rellenas pero comprobé que, atribulado por la tristeza, no me apetecía ni hablar. –Venga ya, tío. Con ese careto no vas a ninguna parte. Y aféitate, que esa perilla no te favorece.-Al ver que me ofusqué en mantener mi silencio, empezaron a darme consejos. –Se trata de Sonia, ¿verdad? la guapa presentadora de televisión de la que nos has hablado.-Asentí con gesto apesadumbrado. –Pues nada más fácil. Ahora que trabajas en la tele, proponle una cita. Eso o le envías un ramo de flores con un mensaje romántico.-decía un amigo. –El romanticismo está pasado de moda. Es mejor que vayas directo al grano. Pídele su número de teléfono-decía otro. Hastiado, me levanté y sin mediar palabra, les acompañé hasta la puerta. Mi mente era un hervidero en plena ebullición. ¿Por qué no realizaba una intentona? A lo mejor funcionaba.
Al día siguiente, cuando me la crucé por uno de los pasillos, me envalentoné y le dije:
-Sonia, soy uno de tus más fervientes admiradores. Me llamo Daniel y trabajo como diseñador gráfico en la edición de vídeos. Me encantaría salir contigo- Sonia clavó su mirada en mí de un modo tan penetrante que me quedé petrificado. Entrecerró los párpados y con desparpajo respondió:-Sí, ¿por qué no?- Y acto seguido, apuntó su teléfono en mi mano. -¡Guay!-exclamé yo mientras se despedía guiñándome el ojo. Juro que desde aquel momento me sentí hombre nuevo. El entusiasmo renació en mí. Nada más acabar mi jornada laboral la llamé sin dilación. –Hola, soy Daniel. Me gustaría invitarte a cenar mañana por la noche. ¿Es posible?-Como no, pero temprano, por favor, sobre las 20 h. porque madrugo mucho.-Perfecto. ¿Conoces el restaurante del hotel Rex? Está en la azotea y tiene unas vistas impresionantes. –Muy bien. Allí estaré.
No me lo podía creer. Por fin tenía una cita con la mujer de mi vida. Y todo había fluido del modo más sencillo. ¿Cómo me había complicado tanto?
El día siguiente se me hizo muy largo, deseoso como estaba de que llegara la noche. ¡Por fin llegó el momento! Me engalané. Ensayé varias veces mi sonrisa de seductor frente al espejo y me rocié mi mejor perfume. Reconozco que me comportaba como un adolescente en su primera cita. Me encaminé al restaurante y…allí estaba ella. Cuando percibí su figura erguida me temblaron hasta las piernas. Era tal su atractivo que hasta la sombra que proyectaba resultaba insinuante. Exhalaba el humo mientras desplazaba la cabeza hacia atrás. Juro que se me cortó la respiración cuando un foco le alumbró. Su vestido negro resaltaba sus curvas de un modo sugerente. Acababa de llegar y ya estaba teniendo una erección. Me dirigí al lavabo, restregué con agua mi cara y me di unos minutos. Inspiré y espiré, en un intento por relajarme. Conseguí serenarme. Me dirigí a Sonia y con naturalidad, la besé. Me sentí como el astronauta que es transportado a una órbita espacial y sus sentidos adormecidos estallan ante la contemplación de las maravillas del mundo sideral. Su voz era tan sedosa que me sumí en una melodía de irresistible placer. La cena también fue inolvidable. Entremeses variados, una ensalada tropical, codornices estofadas con uva moscatel y tarta de chocolate hicieron las delicias de nuestros paladares. Mi beldad mostró su vulnerabilidad cuando se sinceró conmigo. Hacía seis meses que se había separado. Confirmó que yo le gustaba y quería conocerme mejor (cómo disfruté con esto). Mi princesa tenía heridas sin cicatrizar. Así lo revelaba el fulgor de sus ojos por las lágrimas no derramadas. Quería ir despacio a la hora de implicarse en una nueva relación. No pude por menos que ofrecerle mi consuelo. Al final de la cena nos asomamos al magnífico mirador. La Gran Vía centelleaba con todo su esplendor en la noche madrileña. Contemplamos con nostalgia el cinematógrafo que presidía la entrada al restaurante, ya que en una época anterior ese hotel había sido un cine. Sentí añoranza de tantos grandes estrenos que se habrían esperado con anhelo en este espacio. Aquella noche fue inmemorial. Me despedí con un ligero roce en sus labios que me trasladó de golpe a las estrellas. Le siguieron otras muchas noches. Y cada velada resultaba mejor que la anterior. Nuestro amor hirvió con la ebullición de nuestras caricias y besos. Al cabo de un año nos casamos. Y hoy en día nuestros dos retoños corretean alegres por el jardín de nuestro chalet. Son dos querubines pelirrojos llenos de encanto. En la televisión les gustó tanto el resultado de mi trabajo que me hicieron un contrato indefinido. Puedo decir que hoy soy un hombre feliz. He alcanzado la plenitud en el amor y en el trabajo, y como padre vibro de alegría por esos duendecillos que son el puro retrato de su madre, mi hada terrenal.

Reflexiones sobre el espacio web de una organización educativa.

En mi opinión, los centros educativos, en general, han de mejorar su potencial para adquirir conocimientos y nociones respecto a las nuevas tecnologías. Han de adquirir cierto espíritu emprendedor a la hora de captar la atención de los usuarios para transmitirles los mensajes necesarios.
Pero un mensaje llegará mejor si se utilizan de forma diferencial las distintas redes sociales en vez de volcar la misma información en todos los canales.
El lema “para recibir hay que dar” resulta muy veraz en este contexto, ya que se requiere perseverancia para seguir numerosos blogs que puedan aportar algo a la comunidad educativa y además, en la medida de lo posible, participar mediante opiniones. Es decir, se podrán aumentar el número de seguidores de nuestro blog en la medida que sigamos el de otros.
En España, a diferencia de países anglosajones, nos regimos por lo visual. En culturas anglosajonas están acostumbrados a usar el canal auditivo. Así, resulta interesante combinar elementos ilustrativos coherentes con los mensajes verbales que utilizamos en nuestros blogs. Imágenes, fotografías, infografías o ilustraciones y emoticonos son bienvenidas para complementar la información.
La comunidad educativa ha de adaptarse a las exigencias del espacio Web 2.0, que conlleva tratar a los usuarios como agentes activos de nuestro espacio virtual. Sus propuestas, su nivel de participación, sus aportaciones son relevantes para retroalimentar nuestro posicionamiento virtual.
Se deben conocer aquellas herramientas que nos pueden ayudar a volcar un contenido interesante en nuestro blog, para que tenga visibilidad. Por ejemplo, Alltop o Technorati.
Se trata de encontrar el equilibrio entre el mundo físico y el digital. Se han de conocer las herramientas que nos pueden facilitar el uso de mensajes emergentes, por ejemplo, popup de supsystic para WordPress.
Por otro lado, se ha de depurar el lenguaje utilizado. Para ello se puede utilizar una aplicación llamada My Stilus, que permite corregir con precisión la ortografía, la gramática y el estilo de los textos. Además, se puede incrustar en Word.
También se puede recurrir al crowdfunding cuando sea necesario.
Es positivo identificar otros blogs educativos influyentes. Por ejemplo, todos los años se da un premio a un blog diferenciándose por categoría.
También se ha de recurrir a herramientas como Similar Web, para identificar tendencias emergentes, etc.
Por último, en mi opinión, creo que la labor del Community manager educativo requiere mucho tiempo si se ha de realizar con parámetros de calidad. No estoy muy conforme respecto a que se dedique un tiempo complementario de la jornada laboral de un docente a este tema, ya que requiere mucha inversión de horas.
Respecto a los candidatos para formar el equipo editor del blog se requieren ciertos perfiles: asistentes a la edición, diseñadores gráficos, periodistas, informáticos, etc. También es cierto que no se requerirá un perfil tan especializado si el Community manager está muy motivado y sensibilizado para desarrollar sus funciones, pues él mismo irá superando poco a poco los obstáculos Pero si tenemos en cuenta criterios de eficiencia es mejor un profesional especializado como alguno de los perfiles mencionados.

La felicidad a tu alcance:

¿Cómo podemos alcanzar y mantener la felicidad y la ilusión en nuestras vidas? En la sociedad actual, azotada aún por las graves consecuencias de una crisis sin precedentes, el malestar y el desánimo invaden a buena parte de la población. Pero ¿existen soluciones reales?

Nos debemos ceñir a nuestro contexto para resolver nuestros problemas en pequeña medida, ya que los efectos de los cambios que podamos conseguir en nuestro propio ambiente se pueden expandir en una escala macrosocial. Si por ejemplo, lanzamos una piedra al agua, de inmediato se generan unas ondas expansivas que se mueven en círculos concéntricos. Así sucede también con las transformaciones que podamos promover en nuestra vida. Tienen sus repercusiones. El esfuerzo personal que invirtamos en la búsqueda de la felicidad merece la pena porque, en primer lugar, nos ayuda a sentirnos bien y en segundo lugar, mejorará nuestra calidad de vida.

¿Y qué es la felicidad? Para mí se refiere a un conjunto de sensaciones y sentimientos que proporcionan bienestar, paz y armonía al sujeto que las experimenta. En consecuencia, la alegría, el optimismo y la vitalidad serán un fruto asegurado de ese constructo que es la felicidad. Así, crearemos un círculo que se retroalimenta: cuanto más felices somos más vitales nos sentimos, por lo que estamos en condiciones de mantenernos bien, ya que seremos activos, nos relacionaremos más y mejor, haremos más y rendiremos mejor en nuestro trabajo. No es casual que España sea uno de los países de la Unión Europea con horarios laborales más intensivos pero con una productividad menor. Si estamos preocupados, tristes, desanimados o cansados, claro que dichos estados pueden interferir en nuestro rendimiento laboral.

Lo primero que hemos de plantearnos es: ¿queremos estar bien? No es una pregunta absurda, pues la búsqueda de la felicidad conlleva encarar la vida con determinación y valentía, adoptar una actitud madura ante los problemas y dificultades y trabajar para que seamos capaces de adoptar una actitud positiva como un hábito saludable. Dichos esfuerzos nos ayudarán a estar mejor, por lo que invito al lector a que los realice.

La práctica de disciplinas terapéuticas complementarias ayuda: meditación, relajación, biodanza, reiki, etc. Tenemos en nuestro interior un poder de sanación espectacular. Somos hemos de recurrir a él con toda la confianza y seguridad de que el Universo nos va a ayudar y nos va a dar lo que necesitemos en cada momento. No es cuestión de conseguir todo aquí y ahora. De hecho, desde mi punto de vista, uno de los errores  más comunes de la educación de hoy consiste en dar al niño todo lo que quiere y de la forma más inmediata posible. ¡Craso error¡ Nos justificamos en que, como padres, no disponemos de tiempo para jugar y atender a nuestros hijos y un largo etcétera de excusas. Pero no nos damos cuenta de que así corremos el riesgo de convertir a nuestros hijos en auténticos tiranos o seres débiles incapaces de tolerar las frustraciones. La vida está llena de frustraciones que hay que aprender a resistir. Si no fuera así, no sería posible el aprendizaje, aquel que nos curte ante las dificultades.

¿Somos capaces de sentirnos bien la mayor parte del tiempo? Si no es así, ¿estamos haciendo todo lo posible por sentirnos mejor? ¿Tenemos la sensación de que nuestros esfuerzos son infructuosos? Si la contestación a estas cuestiones fuera afirmativa, se puede requerir ayuda profesional. En este caso, os sugiero que la busquéis cuanto antes para que los problemas no se conviertan en crónicos. Un buen psicólogo o un especialista en coaching podrá asesorarte. La diferencia entre ambos es que el psicólogo va a recurrir, según su orientación, a determinadas técnicas que te ayuden a enfrentarte a tus problemas o va a explorar situaciones traumáticas de vuestro pasado que pudieran influir en el presente. Un coach va a ayudarte a trabajar sobre las metas y objetivos que quieres conseguir para dotarte de confianza en tus potencialidades.

Todos necesitamos ayuda de los demás en ocasiones. La inteligencia emocional es la capacidad de utilizar nuestro fuero interno de emociones para beneficiarnos. Así, es importante expresar nuestros sentimientos con la intensidad adecuada y en el momento preciso. Por ejemplo, no resultaría adecuado estallar en una llantina delante de nuestro jefe porque hemos nuestra pareja ha roto con nosotros. Esa reacción sí la podemos tener, sin embargo, con un familiar de confianza.

La felicidad también es una actitud ante la vida. A veces, nos sentimos desbordados por circunstancias adversas: enfermedades propias o de familiares, problemas económicos, laborales, soledad, conflictos de pareja, etc. pero si somos capaces de adoptar una actitud positiva y mantenernos firmes y optimistas la serenidad nos inundará. Nos asemejaremos, entonces, a ese roble que desafía a un viento huracanado y se mantiene firme en la tierra porque sus raíces están bien asentadas. Pero si nos dejamos llevar por el pesimismo y la inseguridad, una ligera brisa nos podrá extirpar de nuestro sostén, porque dichas actitudes debilitan a la persona y la minan.

Si anticipamos soluciones a nuestros problemas experimentaremos su grado de efectividad. Además, si en vez de rebelarnos ante una situación difícil nos preguntamos ¿qué me aporta a mí esta coyuntura? ¿Qué puedo aprender de ella? Así, ya nos estamos ayudando a nosotros mismos. Cuida también tus relaciones interpersonales. Hay personas que parecen estar teñidas por el malhumor y la pesadumbre, y no es algo puntual, sino más bien una actitud que les acompaña de un modo, más o menos, continuado. Cuídate bien de relacionarte con ellas a nivel de amistad, porque pueden absorber tu energía.

Tampoco podemos esperar madurar y crecer como personas sin sufrir. Quien no se expone a dificultades no desarrolla estrategias de afrontamiento. De hecho, la sobreprotección que algunos padres ejercen sobre sus hijos puede resultar muy perjudicial porque impide a los niños explorar sus habilidades para afrontar la realidad.

Hoy en día, los niños estás invadidos de un modo masivo por la sobreestimulación sensorial: realizan mil actividades extraescolares porque los padres no podemos recogerles por nuestro invasivo horario laboral, en casa se conectan a la red virtual, a veces sin el debido control parental…¿Les dedicamos un tiempo para jugar con ellos? ¿Les proponemos actividades para fomentar su creatividad? Las estadísticas continuamente reiteran que los videos juegos se han convertido en el producto estrella del consumo infantil. Pero ¿qué video juegos? Algunos de los que llegan al mercado a veces pueden fomentar actitudes violentas. ¿Y qué lugar ocupa la lectura entre los intereses de los pequeños?¿Tenemos en cuenta que los niños nos toman a los padres como modelo de imitación? Somos una referencia para ellos. Si nosotros leemos, ellos también leerán. Y si leen, estimulan de una manera muy saludable la creatividad. La lectura puede despertar su capacidad de visualización e imaginación.

El engendro. Episodio I: de las consecuencias que de un accidente se desprenden.

Siempre me ha costado mucho asumir las pérdidas en mi vida. Supongo que, como a la mayoría de las personas. Para que se hagan una idea: se me murió el perro, Sultán, un precioso cruce de mastín y setter. Tenía el tamaño del primero y el carácter del segundo. Imagínense que manojo de nervios era. Doce años lo tuve conmigo. Bueno, pues lo tuve muy claro. Decidí disecarle. Y hoy en día, Sultán preside el salón de mi casa desde una posición privilegiada.

Luego me casé. Mi marido era corredor de bolsa. Era tan bueno que nos hicimos millonarios en dos años, gracias a su olfato para las acciones e inversiones. Luego, tuvimos a mi pequeña…Lo siento, no puedo evitar emocionarme cuando hablo de ella (se suena la nariz con un pañuelo). No es porque fuera su madre pero la niña era un ángel en miniatura.

Todo aconteció en un periquete. Una tarde veraniega, de esas en las que el mercurio adopta una posición ascendente hasta alcanzar cotas casi infernales, decidimos irnos a pasar la tarde a un lago cercano. Mi marido es muy aficionado a la pesca. Así que cogimos nuestra canoa y nos ubicamos los tres en el centro del lago. De repente, me sorprendió oír el rugido de una moto acuática. Me extrañó sobremanera. Al fin y al cabo, yo pensaba que el uso de tales actividades acuáticas estaban prohibidas en aquel pantano. De repente, el conductor, un adolescente viró y puso la moto en dirección frontal a nosotros. No me podía creer lo que mis ojos veían. El joven incrementó la velocidad a límites exponenciales mientras cruzaba la laguna para ¿embestirnos? Me quedé petrificada. Mi marido tenía mucha sangre fría para no perder los estribos en situaciones complicadas. Pero yo me bloqueo y pierdo la capacidad de reacción, como me ocurrió en aquella ocasión.

Segundos antes de que se produjera la colisión vi que mi marido cogía a nuestra pequeña, que tenía año y medio y se lanzó al agua. Yo, que estaba paralizada, salí expulsada con violencia tras producirse el choque, al igual que el chico de la moto. La frialdad del agua me devolvió a la realidad. El vehículo comenzó a arder. Yo no tenía más pensamiento que salvar a mi pequeña. Me dolía mucho el brazo, que resultó herido tras el impacto. Casi no podía nadar y, presa de los nervios, empecé a hundirme. Oía la voz de mi esposo, que llamaba a la niña y se sumergía continuamente. Un testigo del incidente, un lugareño que tenía su barca remolcada en la orilla del lago, la desató y me auxilió de inmediato. Mi marido se mantenía casi todo el tiempo sumergido. Solo salía a la superficie para aspirar algunas bocanadas de aire. Así transcurrió el cuarto de hora más largo de toda mi vida.

Empecé a convulsionar, por la agitación,  presa de un ataque de histeria. Por fin,  mi pareja subió a la barca. Sus temblores denotaban nerviosismo e hipotermia.

¿Dónde está nuestra hija…? Le gritaba yo con descontrol. ¿No la salvaste?¿No la cogiste en brazos? Chillaba mientras las le golpeaba con los puños y estallaba en sollozos. Mi marido me abrazaba. –Cariño, se me escurrió cuando caímos al agua. Está muy turbia. Se hundió. No he podido rescatar a mi pequeña…Y también le invadió el llanto. El cuerpo de mi cría, tan rubita con esos tirabuzones dorados y esa expresión angelical en sus ojos azules, no apareció hasta seis horas más tarde, gracias a la intervención del cuerpo de bomberos.

El demonio que provocó el accidente salió ileso. Estaba bajo los efectos del alcohol. Le denunciamos, pero eso no nos iba a devolver a nuestra hija. La sentencia judicial le condenó a trabajos comunitarios y sus padres tuvieron que abonarnos una indemnización. ¿Y qué? Me faltaba lo más importante en mi vida. La gente trataba de animarme con argumentos que no me convencían: eres joven, puedes tener más hijos…Yo quería a mi chiquitina. Y me la habían arrebatado de la forma más absurda.

Mi marido, lleno de remordimientos y sentimientos de culpabilidad por no haberla salvado, no volvió a ser el mismo. El pobre, cómo iba a imaginar el final que le esperaba. No se lo deseo ni a mi peor enemigo. Se pidió una baja por enfermedad, que luego se reconvirtió en una incapacidad permanente para la profesión habitual. La depresión le carcomió hasta convertirlo en una sombra de sí mismo.

Y yo, con mis dificultades para tolerar pérdidas, no podía soportar la ausencia de mi vástago. Nos cambiamos de casa. De nada sirvió. La mansión victoriana a las afueras de Londres nos acogió con todo su esplendor. Éramos unos náufragos de la vida. No teníamos ilusiones, ni sabíamos en qué dirección fijar el rumbo de nuestra vida. Estábamos extraviados.

Una de las veces que miraba, de forma mecánica, nuestro plasma de 60 pulgadas, vi un anuncio que me llamó la atención. Un centro de robótica se inauguraría en dos días, en Dallas(U.S.A.). Corría el años 2.040 y ya habían pasado dos años de lo de mi niña. Por primera vez desde que la perdí, sentí que un aliento de apego a la vida renacía en mis entrañas.

-Tenemos que ir allí- Le expresé a mi marido, que también veía la pantalla como si de un autómata se tratase.

-¿Para qué? Contestó también de forma mecánica.

-¿No lo has adivinado? Muy fácil. Tenemos que conseguir que diseñen un engendro lo más parecido posible a nuestra hija, que llore, ría, hable y juegue como cualquier otro niño.

Me devolvió una expresión atónita en su mirada.

  • Hablo en serio. Tenemos que ir a Dallas.
  • Vale, pues ve tú.
  • No te entiendo. Es nuestra oportunidad para recuperar a nuestra hija y tú vas y te quedas ahí parado.
  • Nuestra hija murió. No la pudimos salvar. ¿Qué quieres que haga?
  • Me voy a Dallas.
  • Allá tú.

Por primera vez desde el accidente, volvía a ser un poco yo misma. La ilusión por conseguir un engendro mecánico que emulara a mi hija me conectaba, de nuevo, a la vida.

No me costó hacer las gestiones por Internet. Ya tenía mi billete para el avión en primera clase con destino a Dallas. Saldría al día siguiente. Esa noche, casi no pude dormir de la emoción.

Tras un viaje muy relajante, aterricé en Dallas. Degusté la hamburguesa especial de la casa en un rústico restaurante y me encaminé al centro de robótica. Llevaba varias fotos de mi hijita.

Lo primero que dije cuando me recibieron en el departamento de atención al cliente fue:

  • No quiero escatimar en gastos. Pagaré todo lo que sea necesario. Quiero que fabriquen un robot que sea una imitación de esta niña.
  • Sus funciones serían muy limitadas. Aún no estamos muy desarrollados. Su encargo se sale de la tónica de lo normal. Lo que más construimos son robots que laven, frieguen y limpien la casa.
  • Insisto, les pagaré lo que sea, insistí yo emocionada. Quiero que tenga unos seis años. Es imprescindible que hable, camine, corra y juegue.

El operario avisó al director del centro, que acudió ipso facto y se quedó mirándome fijamente para echar, a continuación, su vista, a las fotos de mi niña.

  • Imagine cómo sería esa niña cuando cumpliese seis años. Así quiero yo que me la diseñen.
  • Señora, nos pide algo muy difícil.
  • Pero, no imposible, ¿verdad? Le consulté con un fajo de billetes de los grandes en mi mano. –Estoy dispuesta a pagarles un anticipo.
  • Calculo que tardaremos en diseñarla unos seis meses. Le avisaremos.

Emocionada, me quedé un par de días para hacer un poco de turismo. El museo del sexto piso en la plaza Dealey no tiene desperdicio. Me sentí absorbida por la exhibición sobre el legado de J.F. Kennedy. La torre reunión también me resultó impactante. Este monumento también es conocido como la pelota de golf de Dios. De todos modos, estaba abstraída, sumergida en mis propios pensamientos. La idea de volver a tener una representación de mi niña me volvía loca de contenta.

Una vez de vuelta a Londres, mi entorno no me apoyaba con esta idea:

  • Tú estás loca, me decía una amiga. Tener un robot en casa no te va a devolver a tu hija.
  • Conecta con la realidad- no pretendas huir de ella- Me decía otra.

Yo asentía, pero en el fondo me daba igual. Yo iba a tener una representación mental de mi hija y eso era lo que importaba.

Y así, presa de la impaciencia, pasaron los seis meses de plazo. El envío de un email del director del centro de robótica me confirmó que ya estaba preparado el engendro mecánico.

Ardía de impaciencia, pero me preocupaba mi marido, que seguía sumido en la más profunda apatía. Le daba igual todo. No estaba por la labor de acompañarme. Bueno, peor para él. Él se lo perdía.

De nuevo, me aventuré en un avión con destino a Dallas. A la vuelta, no vendría sola, eso seguro, lo cual alentaba mi estado de ánimo. Cuando la vi por primera vez, se me llenaron los ojos de lágrimas. El parecido con mi chiquitina era enorme. El diseñador robótico supo captar bien la expresión de sus ojos. Mediría 1’20 metros. Hablaba, reía, caminaba. Era perfecta.

  • Si se produce algún incidente es muy importante que contacte con nosotros. Le hemos instalado un cerebro mecánico muy potente, con unos circuitos eléctricos infalibles. Pero, como toda conexión, puede tener fallos en sus estructuras. Y yo le aconsejo que no la trate como a una humana, por preservar su propia salud mental.

Reconozco que ese comentario me sacó de mis casillas.

-¿Qué insinúa?¿Me está llamando loca?

– Señora, nada más lejos de mi intención. Solo le prevengo para que no trate al robot como si fuera una persona, porque puede ser contraproducente.

– Bueno, si tengo algún problema, ya volveré a ponerme en contacto con usted, le dije tras extenderle el cheque con una cifra desorbitante.

Y me la llevé. Me cogía de la mano. Me llamaba mamá. Venía con un complejo manual de instrucciones. La gente nos miraba por la calle. No me importaba con tal de realizar mi sueño.

Mi esposo también reaccionó favorablemente al ver el sorprendente parecido. A él le llamaba papá. La niña se sentaba con nosotros en la mesa y aunque no necesitaba comer, emulaba los movimientos correspondientes con los cubiertos. Se reía mientras veía los dibujos animados. Yo estaba encantada de la vida. En cierto modo, volvíamos a ser una familia.

Pero nada me previno para lo que me iba a suceder después, una tragedia de índole mayor, si cabe, que la pérdida de mi niña. Una noche, nos encontrábamos los tres viendo la tele en el salón de nuestra mansión. Había una tormenta espectacular. Rayos y truenos competían para causar el mayor estruendo posible. A veces, nos cegaban los resplandores de los relámpagos. Mi marido yacía apoyado en el cojín del sofá adormilado. Mi niña, bueno, mi robot, simulaba comer palomitas. Y yo contemplaba preocupada el curso de la borrasca mientras pensaba en la posibilidad de apagar aparatos eléctricos.

Todo fue en vano. El mayor peligro era la atracción eléctrica que el engendro ejercía sobre la tormenta, que  ya de por sí tenía una fuerte carga galvánica. De repente y sin aviso previo, un rayo atravesó el techo a una velocidad de vértigo para descargar directamente en mi pequeña.

Un fuerte olor a quemado invadió la estancia. Mi esposo se despertó sorprendido. A mí el rayo me rozó un poco el mismo brazo que ya me lesioné con anterioridad. Jugadas del destino. Pero no di importancia a mi quemadura. El robot realizaba movimientos de forma desorganizada. Se levantaba y se sentaba, de forma repetitiva. Otra vez no, pensé para mis adentros.

Bueno, chiquitina. Vamos a la cama y mañana consultaré a tu creador.

  • No la toques. Déjala ahí. Seguro que está ardiendo- me increpó mi pareja.
  • ¿Tú crees?
  • No me cabe la menor duda
  • Bueno, vámonos a la cama.
  • ¿Cómo tienes el brazo?
  • Me duele pero puedo aguantar a mañana para ir al médico- respondí mientras me frotaba con aceite la quemadura.

Mi marido no volvió a despertar jamás. Como lo oyen. Esa noche murió por los efectos colaterales del suceso acontecido aquella nefasta noche.

A pesar del susto, pude conciliar el sueño pronto. De repente, un grito estremecedor emitido por mi marido me despertó. La niña, el robot, o más bien el monstruo, atacaba a mi esposo con sus dedos convertidos en cuchillas. El diablo personificado en ese ser tenía una fuerza descomunal. No podía quitársela de encima. Cuando vinieron los del servicio de emergencias, a los que avisé con inmediatez, ya era tarde.

Le había perforado la aorta a la altura del cuello. Mi esposo murió desangrado.

La historia se repite. De nuevo, tuve que interponer una denuncia por no avisar en el manual de instrucciones de la peligrosidad del engendro en caso de tormentas.

Cuando el director del centro de robótica compareció en el juicio dio una explicación muy técnica, pero que en lenguaje llano venía a decir lo siguiente:

Con la descarga eléctrica que el robot sufrió, que hubiera sido mortal para cualquier humano, se produjeron una serie de cortocircuitos en sus mecanismos cerebrales que despertaron una conducta violenta hacia los hombres.

Otra indemnización, pena de cárcel por homicidio involuntario para el director del centro robótico y caso cerrado. De eso, han pasado ya cinco años. A veces me pregunto: ¿Cómo asumí tan bien la pérdida de mi esposo, a pesar de que se produjo en unas circunstancias tan horribles? La respuesta me la dio la voz de mi conciencia. Mi pareja había dejado de ser él mismo hacía mucho tiempo. Su personalidad se había transformado por completo a raíz del accidente de nuestra hija. En otras palabras, se había convertido en un desconocido para mí. Aún así le añoré mucho. Y la experiencia me sirvió para madurar. Ahora acepto todo lo que la vida me depara, aunque a veces me cueste. Vivo el momento. Mi presente es mi presente. Ya no está condicionado por mi pasado ni por mi futuro. Y la vida me dio una nueva oportunidad. Me enamoré otra vez. Nos casamos y tenemos dos gemelas preciosas. Me recuerdan a mi primera hija, pero disfruto de ellas cada día como si fuera el último.