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Acerca de Claudia Black

Hola, soy escritora y he publicado en Amazon #El tridente del poder. 1.La Tierra en peligro y 2. Laberinto en Shyros. Son los dos primeros libros digitales de una saga de ciencia ficción. La especie humana y la Tierra se encuentran amenazadas por una serie de peligros desencadenados por un grupo de extraterrestres del planeta Petrón, que persiguen su extinción. Las dos razas de extraterrestres con# poderes extraordinarios combatirán en una #lucha contrarreloj, ya que la vida del planeta está en peligro. Léelo y sumérgete en sus páginas. Atrévete a atravesar su #laberinto. No te defraudará. Creo en el esfuerzo constante de las personas por afrontar sus situaciones y salir adelante. En la novela se manifiestan ejemplos de ello. Como escritora busco fomentar el amor por la lectura y potenciar la creatividad y la imaginación, como herramientas que fomentan el poder personal para transformar el mundo.

Fenómenos extraños

Cuando adquirí aquel piso la suerte me abandonó. A los dos años me quedé en desempleo tras una larga trayectoria laboral en la Administración Pública sanitaria. Me sentí triste y muy frustrada. Y no recibí indemnización alguna. Había invertido todos mis ahorros, recientemente, en adquirir mi piso. Me sentí muy desprotegida. Mi tía se vino a vivir conmigo. Aunque su pensión no era muy elevada constituyó un gran apoyo para mí.

   Pero la adversidad también se cebó en mi tía. Empezó a sufrir una serie de caídas de lo más extrañas, pues aunque su edad es avanzada se mantiene bastante ágil. Tras un batacazo se postró al sedentarismo durante dos meses y le sobrevino una trombosis.

   Al final, agoté las ayudas públicas por mi condición de desempleada y me quedé en una situación muy precaria con dificultades para pagar la hipoteca y las facturas. La angustia me condujo a sufrir pesadillas. A veces, me despertaba a medianoche con dificultades respiratorias. Yo lo achaqué al estrés. Pero cundí en pánico cuando empecé a detectar sombras en casa. La impresión que me daba era la de alguien que pasa pero al volverme no había nadie.

   Además, se iniciaron molestias físicas. Sentía hormigueo en las cervicales y en los hombros así como dolores en los brazos. En medio de ese tumulto perdí a mi madre, que llevaba varios años enferma de Alzheimer. Cuando alguna empresa me contrataba como teleoperadora o administrativo al mes o a los dos meses me quedaba en la calle otra vez, a pesar de realizar un trabajo impecable.

   Por otro lado, me encontraba muy fatigada y con bajo nivel de defensas. El último invierno contraje dos catarros tan fuertes que me dejaron afónica. Pero lo peor estaba por llegar. Una noche me despertó un chillido. Mi tía también se sobresaltó. Miré por la mirilla por ver si alguien precisaba atención. No había nadie. Al día siguiente pregunté a la portera si algún vecino había sufrido algún percance pero ella no había oído nada. A partir de ese momento cada noche oía el mismo grito lastimero. Parecía suplicar ayuda. Al parecer, nosotras éramos las únicas en todo el inmueble que oíamos tales bramidos. En cuanto nos levantábamos a inspeccionar el terreno los alaridos declinaban hasta desaparecer. El agotamiento por esos despertares nocturnos hicieron mella en mí. Había días que me sentía como un zombi.

   Otro fenómeno extraño se unió. Cuando mi tía y yo salíamos de casa a pesar de que nos asegurábamos que dejábamos todas las luces apagadas cuando retornábamos siempre estaba encendida la luz del salón. Y por consiguiente, la factura de la luz se elevó de forma considerable. Avisé a un electricista un par de veces y me confirmó que si bien la instalación eléctrica era antigua funcionaba bien. ¿Qué diantres sucedía entonces?

   A tan insólita situación se añadió un hecho más. A veces, permanecíamos sentadas en el sofá del salón mientras leíamos o veíamos la televisión y de un modo brusco se abrían puertas cerradas y encajadas o se cerraban de un modo rudo sin una explicación lógica, pues no circulaba corriente de aire alguna.

   Cesaron los gritos nocturnos. Pero aparecieron respiraciones agitadas. Mi perra también se comportó de un modo anómalo. Muchas noches se negaba a entrar en mi habitación, donde tenía su cama. Siempre había dormido conmigo. Prefería pernoctar sola en el puf del salón. Los perros son animales muy sociables y disfrutan al dormir en compañía de su dueño. Además, Perla, en ocasiones, se quedaba ensimismada mientras contemplaba el horizonte como si quisiera desentrañar algún enigma.

   Otros acontecimientos alteraron aún más el ambiente. A veces, mientras dormíamos tanto mi tía como yo sentíamos una caricia en los brazos, en las manos o en los pies. Suelo ser muy intuitiva y sensible. Una noche me levanté muy inquieta porque presentía algo. Notaba cierto magnetismo a mi alrededor. De forma súbita, se encendían y apagaban todas las luces de la casa y también los electrodomésticos. La cadena se puso a sonar, la televisión empezó a funcionar, etc. Mi tía, un tanto pálida, no daba crédito a lo que veía. Al día siguiente, avisé a otra compañía eléctrica y me confirmó normalidad en la instalación. ¿Qué ocurría entonces? El insomnio, la angustia y los sobresaltos nos pusieron los nervios a flor de piel. Saltábamos por cualquier tontería y discutíamos con frecuencia.

   Una noche en que me levanté me despejé y distinguí en el salón una sombra. El corazón me empezó a latir a toda velocidad. Parecía el perfil de alguien ataviado con una túnica negra con la capucha puesta y agachado. Me acerqué con sigilo para tocarle y desapareció. La perra se puso a aullar. Le tranquilicé y pensé que había llegado el momento de adoptar medidas.

   Al día siguiente, visité a una psicóloga clínica que también era parapsicóloga. La presencia de esa mujer alta y rubia impregnaba tal serenidad que me tranquilicé al instante. Me pidió mi dirección y consultó sobre la energía impregnada en mi hogar, a través del péndulo, que se movía enloquecido. Me confirmó que en mi nueva casa se había jugado varias veces a la ouija. Por ello, se había abierto una puerta al bajo astral. Por ella se colaba el espíritu de seres de la más baja alcurnia. Asesinos, violadores y maleantes de todo tipo permanecían prisioneros en esa dimensión y campaban a sus anchas en mi casa. La especialista realizó un ritual para cerrar esa puerta y me alegra poder decir que desde entonces todo volvió a la normalidad.

   Y la suerte nos sonrió de nuevo. Encontré el trabajo de mi vida. Una editorial de reconocido prestigio me contrató como lectora profesional. Accedí a un curso para adquirir velocidad lectora y me pagaban mis buenos honorarios. Al cabo de seis meses me hicieron un contrato indefinido y por fin conseguí la ansiada estabilidad laboral. La salud de mi tía mejoró y mi perra se tranquilizó.

   Así que sugiero al lector que observe los posibles fenómenos extraños de su hogar o de su oficina. Le recomiendo que no espere mucho tiempo y adopte medidas porque el inframundo acecha.

Narrativas distópicas

Ayer tuve la ocasión de asistir a unas jornadas virtuales, con motivo del día del libro, organizadas por la Casa América sobre narrativas distópicas: ¿Sueño del futuro o crítica del presente? Participaban las escritoras Laura Ponce (argentina) y Cecilia Evdave(México), entrevistadas por Teresa López-Pellisa. Me gustaría compartir algunos de los aspectos que abordaron:

Ahora mismo estamos sumidos en una realidad distópica, debido a la pandemia del coronavirus que azota al mundo entero y que condiciona nuestros estilos de vida. Nos acomodamos muy rápidamente a nuevas dinámicas. Pero hay preocupación por lo que pueda pasar en el futuro y cómo afectará a nuestras libertades individuales. La literatura de ciencia ficción siempre ha especulado sobre las consecuencias sociales o políticas de nuestro más cercano presente. Yo creo que, sin duda, a partir de ahora el género de ciencia ficción, tan desprestigiado, ganará adeptos.

Distopía y utopía:

La distopía es lo opuesto de la utopía. La utopía se define como lo deseable, la idea de que existe un mundo mejor y juega con la posibilidad de reiniciar sistemas alternativos de Gobierno. En el siglo XIX aparece la ciencia ficción como tal y el término distopía. En la novela Frankestein, de Mary Shelley, ya se vislumbran elementos distópicos, como los problemas éticos que conlleva la experimentación científica. La distopía refleja la inestabilidad social, supone una crítica al momento presente. Desde la Segunda Guerra Mundial el imaginario distópico no ha parado en el cine y en la literatura.

La distopía tiene una proyección hacia lo fatalista y se refiere a fenómenos como cataclismos, apocalípsis, catástrofes, invasiones alienígenas, pandemias víricas como la que atravesamos ahora, etc. Puede tener un matiz negativo si se ubica a los personajes en el peor mundo posible en el que no hay salida, lo cual representa una distopía pura porque no se tienen oportunidades ni esperanza, hay una imposibilidad de salir de ese mundo. Pero también hay futuros complejos, no deseables y desesperanzadores ante los que los personajes resisten. Si se oponen y resisten en su fuero interno de alguna forma conservan su libertad. Por ejemplo, sucede en el relato “El prisionero”, en el que hay un país ocupado en el que los amos reprimen. Hay incluso tortura física. Pero se muestra en la obra un elenco de personajes insurrectos que luchan frente a ese Estado represor. Sin embargo, “Paulina” es un cuento en el que el personaje está sumido en una situación en la que el sistema coarta sus posibles salidas. En América latina, la distopía alude a las estructuras económicas. También las nuevas tecnologías son un escenario propicio porque buscan respuestas.

Por otro lado, también es una cuestión de puntos de vista porque los personajes se posicionan en un punto de vista determinado, no es algo homongéneo. Uno expresa las propias preocupaciones, encauza las posibilidades de futuros así como temores y anhelos a través de los personajes. La ciencia ficción hispanoamericana tiene unas características distintas de las anglosajonas. Hay narrativas progresistas, por ejemplo, relatadas desde centralidades. El descubrimiento de América es otro ejemplo porque supone la imposición de una cultura sobre otra. La máquina del tiempo, de Wells es una distopía también porque tiene que ver con las estructuras capitalistas imperantes y la preocupación por el futuro de los obreros sobre cómo les va a afectar los procesos de industrialización.

Algunos libros recomendados de las voces de la ciencia ficción latinoamericana:

-Diana Vargas: “Yo no voy a salvarte”.

-Soledad Acosta: “Una pesadilla en Bogotá en el año 2000”. Se proyecta cómo puede ser una sociedad en proceso de modernización. ¿Interesa desde el punto de vista conservador?

-Pedro Zavala: “El terco rezo de las nubes”.

-Claudia Baoal: “El rey del agua.”

Marge Piercy: “Mujer al borde del tiempo.”

En definitiva, la ciencia ficción muestra que hay muchos mundos posibles. Esperemos, de verdad, habitar el mejor posible, con el esfuerzo de todos. Si cada uno pone su granito de arena, la esperanza iluminará una nueva realidad.

unrobot

Os envío el enlace por si os apetece escuchar el debate completo. Hasta la vista y que la vida os bendiga.

Dina, la princesa de los collares.

princesaErase una vez una bella princesa que vivía refugiada en su mundo de ensueño. Su palacio se ubicaba en la colina más alta de su reino. Dina, que así se llamaba la joven, era conocida también por su pueblo como la princesa de los collares, porque de todos era conocida su afición por llevar tales alhajas. Dotada de una belleza natural con su rubia melena ondeante hasta la cintura y sus ojos verdes de transparente mirada, deslumbraba a cuantos la contemplaban. Por eso, los accesorios y las joyas que acostumbraba a utilizar no eran en sí necesaris pero a Dina le gustaba lucirlas como complementos a su hermosura. Por eso, cuando recibía a sus súbditos, raro era el que no quedaba boquiabierto. Con frecuencia, quedaban tan admirados que hasta olvidaban el mensaje que iban a transmitir a su soberana. Pero Dina se encontraba tan inmersa en mejorar su atractivo que apenas se percataba de la cruda situación que vivía su pueblo. La sequía asolada ese año había causado estragos en las cosechas. Los cultivos se habían diezmado. Las necesidades nutritivas de la población no se podían garantizar con plenitud. El raquitismo, ya erradicado, volvía a hacer acto de presencia en los niños de corta edad.

Cuando el consejero real sugirió a su soberana que invirtiera más en adquirir grano, trigo y cereales para evitar la hambruna certera, Dina descubrió la realidad de su pueblo y reaccionó en consecuencia. Se quedó mirando la imagen que el espejo le devolvió de sí misma. De pronto, se vio anciana, con la mirada llena de interrogantes. El grito que Dina lanzó le devolvió a la realidad. Cuando miró de nuevo al espejo, presa de un gran temor, se vio joven y con varios collares que realzaban su belleza. Percibió entonces la preocupación pintada en el rostro de su consejero, a la espera de su respuesta.

-Vamos a comprar grano y cereales en abundancia para alimentar a nuestras gentes. Y voy a desprenderme de mis alhajas. Quiero que vendas mis collares de oro y de plata y mis pulseras de platino y zafiros. Nuestras arcas tienen que yacer repletas para cubrir todas las necesidades de la población.

-Se hará como dices, Dina-y con una reverencia el consejero se retiró, asombrado de la generosidad de su soberana.

Dina se retiró a caminar. Le gustaba meditar mientras deambulaba por los parajes sinuosos y montañosos que rodeaban su palacio. Dubitativa, manipulaba un diamante del que nunca se separaba. Conocedora de sus propiedades mágicas, se preguntaba si había llegado el momento de utilizarlo. Una hechicera se lo regaló cuando cumplió 18 años hacía ya dos. Le reveló que era muy poderoso. Tan solo una vez en la vida podía recurrir a su influjo. Le concedería un deseo, bien para ella misma o para otra persona. Pero debía de pensar muy bien lo que pedía, porque se cumpliría de forma inmediata y el diamante se apagaría y perdería su influjo. Dina retornó al palacio y se reclinó sobre su escritorio con el diamante entre sus manos. Miró con detenimiento el destello que desprendía a modo de inspiración. Y entonces formuló su deseo:-Quiero que los habitantes de mi reino tengan cubiertas sus necesidades básicas y sean muy felices.- De repente, una luz procedente del diamante deslumbró la estancia. Dina se sintió caer en una vorágine y se sumergió en el vacío mientras el vértigo la envolvía por completo. Perdió incluso la noción del tiempo, ya que cuando abrió los ojos el sol ya se estaba ocultando.

Dina observó a través de un ventanal que los comerciantes recogían ya sus mercancías, con la sonrisa en los labios. Los niños, llenos de alegría, guardaban sus juguetes y acudían, obedientes, a las llamadas de sus padres para cenar. Dina se convirtió así en testigo privilegiado de la prosperidad y abundancia que imperaban de nuevo en su reino. Así lo atestiguaban las expresiones de felicidad radiante en los semblantes de las gentes. Los caminos estaban pavimentados y las casas se erguían esbeltas construidas con materiales de calidad. La solidaridad parecía regir las relaciones entre los vecinos, que intercambiaban alimentos y se preocupaban unos por otros. Dina esbozó una sonrisa. Su deseo se había cumplido.

Sin embargo, algo no funcionaba. Sus súbditos no parecían percatarse de su presencia en palacio. Diríase que se había vuelto invisible para ellos. Quizás se tratase de un efecto secundario del hechizo.

-¡Jonás!-exclamó mientras se dirigía a su chófer. Pero Jonás no manifestó sentir su presencia. -¡Ruth!-gritó presa del pánico a su cocinera. Pero Ruth tampoco reveló percibirla y continuó con sus quehaceres sin más. La propia Dina trató de observarse y fue entonces cuando lo comprendió todo. ¡Se había vuelto invisible! Aturdida, salió al jardín y se sentó en una borla decorativa junto al estanque. ¿Cómo podía haber sucedido? Quizás las propiedades mágicas del diamante estaban adulteradas. Tal vez se tratase de un efecto secundario. Se encontraba tan pensativa que, involuntariamente, invocó a la hechicera que le regaló el diamante, quien acudió a un nivel espiritual. -Hola, Dina. ¿Cómo estás?

Dina se giró con brusquedad al sentir el saludo de Elle, que así se llamaba la maga.

-Ah, pero ¿tú me ves?-preguntó Dina extrañada.

-Claro que sí, pequeña, del mismo modo que tú me ves a mí.

-¿Qué es lo que me ocurre?¿Por qué me he vuelto invisible?

-Dina, cuando te regalé el diamante te expliqué su poder, pero te oculté una información relevante para ponerte a prueba. Quien haga uso de la valiosa gema se volverá invisible y caerá en el olvido.

-¿Cómo que caeré en el olvido?-preguntó Dina consternada.

-Sí, cariño, lo que has oído. Del mismo modo que desapareces en la dimensión física, también lo harás en la mente de todas las personas a quienes hayas conocido. Es el precio que has de pagar para que se mantenga cumplido tu deseo. Mira, Dina, tú misma has sido testigo de la evolución de tu pueblo, gracias a ti. Estaba abocado a una hambruna certera que tú has evitado.

-Sí, pero ¿qué pasa conmigo?

-Ahora no experimentas las necesidades que sentías cuando eras humana.

-¿Es que he dejado de ser humana?-Interrumpió Dina.

-En cierto modo, cielo.

-Y ¿no existe algún modo de volver a ser la que era?

-Si quieres que tu pueblo se mantenga bien no puedes volver a ser la que eras. -¿Y me tengo que limitar a vagar por ahí como un alma en pena? -No, cariño. Encontrarás el modo de ser feliz.

-¿Cómo?

-No te puedo responder a esa pregunta, Dina. Cada cual sigue su propio proceso. Has de descubrirlo por ti misma. Adiós, te deseo suerte, pequeña.

Y dicho esto la hechicera se esfumó como por arte de magia, dejando a Dina sumida en la más absoluta desolación.

-Al menos, puedo llorar-se dijo Dina mientras se permitía derramar esas lágrimas contenidas. –Puedo expresar emociones, por lo que no debo de estar tan alejada de mi dimensión humana como la nigromante pretende hacerme creer. Por cierto, ya no experimento las necesidades que concebía como persona. No tengo hambre ni sueño, lo cual no deja de ser una ventaja pero ¿qué puedo hacer para combatir mi tedio? Ni siquiera soy corpórea, por lo que tampoco puedo acceder a mi colección de collares. ¡Uy, qué olvidadiza soy! Los vendí todos para salvar a mi pueblo. Aun así me siento bien, liviana, ligera. No se está tan mal en esta dimensión después de todo. Siempre queda la posibilidad de vagar por las estancias de mi palacio como si fuera un fantasma. Un momento, ¿soy un fantasma? No, claro que no, si no estoy muerta, qué tontería.

Presa de este torbellino de pensamientos, Dina se limitó a deslizarse por los aposentos del castillo. De pronto, tropezó con Bella, su perra labrador.

-¡Oh, Bella, cuánto te añoro!-pensó mientras acariciaba el suave pelaje canela del can.-     Al   menos, puedo sentir las caricias.

De pronto, Bella se dirigió a ella y empezó a ladrarle con energía. -Bella, ¿puedes sentir mi presencia?

 

La perra empezó a mover el rabo con alegría y se sentó con la cabeza un poco ladeada, en un gesto habitual cada vez que veía a Dina.

-¡Oh, Bella! Cómo me consuela que me percibas.-Tras unas cuantas carantoñas a Bella, Dina decidió salir de su fortaleza para echar un vistazo por ahí.

Tras escurrirse por un ventanuco disfrutó como la etérea que era de la sensación de fundirse con el gélido viento antes de posarse sobre el suelo. A esas horas de la madrugada la calma imperaba pero una fuerte discusión la rompió. Provenía de una taberna. Dos hombres increpaban a un joven.

-Arréglatelas como puedas, David, pero nos tienes que pagar ya.

-Aún no puedo, de veras. El dinero que me prestasteis lo invertí en una máquina de trillar. Aún no he conseguido amortizarla con las ganancias. Solo pido una tregua de dos meses.

-Concedida, pero creemos que como has faltado a tu palabra de caballero mereces recibir una lección inolvidable-expresó el más fornido.

La cabeza de David fue zarandeada a consecuencia del puñetazo de su contrincante.

-¡Oh, Dios mío!-expresó una sorprendida Dina-Tengo que hacer algo para evitarlo.

Y con una actitud decidida y desafiante, Dina acometió una embestida sobre el agresor de David. Éste salió propulsado hacia la ventana de la tasca, cuyo cristal se rompió en añicos. El otro matón, lleno de incredulidad, se dio a la fuga, ante la atónita mirada de David. Éste, aun sin comprender lo que había ocurrido, se desternilló de risa. Dina sonrió para sus adentros. Había realizado su primera buena obra desde que era etérea. Algo bueno se había desprendido de su nuevo estado después de todo. Desde aquella noche, Dina se dedicó a sembrar la justicia. Si el fuerte quería aprovecharse del débil le daba un escarmiento.

Así, permanecía al lado del infeliz hasta que le transmitía un hálito de esperanza. Irradiaba energía sanadora a los enfermos. Así, la paz y la alegría se incrementaron en niveles exponenciales en su reino. De este modo, Dina se sentía mejor que nunca. Experimentaba una gran paz interior y mucho amor a los demás, lo cual no dejaba de constituir el alimento que nutría su alma.

Los habitantes del reino no eran ajenos a la presencia de Dina. Notaban la asistencia que les prestaba. No hallaban explicación lógica alguna al hecho pero sabían que un ángel de luz y amor allanaba sus dificultades. Por ello, empezaron a apoderarle el ángel. Tan absorta estaba Dina en realizar sus obras bondadosas que no se percató que su imagen etérea iba recobrando su corporalidad. Sí captó que sus necesidades afloraban de nuevo. Empezaba a tener hambre y sueño, por lo que visitaba las cocinas de su palacio para colmar su apetito. Y de repente, un día los demás también percibieron su imagen y con ella recuperaron los recuerdos acerca de su identidad.

 

-Oh, mi soberana-expresó un miembro de la guardia real y al instante cayó arrodillado.

Fue tal la alegría de la villa al reconocer en Dina al ángel que le hicieron un homenaje en el que le regalaron un collar de diamantes idéntico al que emanaba poderes mágicos. Y luego se organizó un gran banquete en su honor.

-¿Tendrá también propiedades ancestrales?-meditó Dina esa noche cuando contemplaba el fulgor que destellaba su joya. Observó la imagen que el espejo le devolvió cuando se puso el collar y se quedó petrificada. Una anciana con el rostro surcado de arrugas le devolvió la mirada. Se restregó los ojos como si estuviera soñando, pero la faz reflejada en el espejo seguía siendo la de una anciana.

-Vamos, Dina-resonó una voz varonil desconocida para ella- Se hace tarde. Un hombre canoso se le acercó y le besó en la frente con ternura y le dijo: -Dina, cariño, tienes que ir hoy al centro de día.

-¿A qué centro?-expresó con angustia. No se reconoció ni su propia voz.

-Vamos, cielo, al que vas todos los días. Te están esperando.

El hombre le ayudó a bajar las escaleras. Al salir de la casa una furgoneta le esperaba. Portaba un letrero publicitario en el dorso: centro de día de enfermos de Alzheimer. Una monitora descendió del furgón con celeridad en cuanto vio a Dina.

-Vamos, preciosa ¿cómo está hoy mi princesa de los collares?

Una reunión entre escritores

El 20 de noviembre vinieron a Madrid un elenco de escritores de lujo. Nos hablaron de forma amena y divertida sobre la literatura y sus obras.

¿Les cuesta a los escritores escribir escenas de sexo?

Lee Child, escritor de novela negra, por ejemplo, aborrece escribir escenas de sexo. A Ken Follet, sin embargo, le encanta escribir escenas de sexo porque los personajes son más vulnerables. A Ken le encanta escribir, sobre todo, el comienzo de las novelas porque se puede hacer casi cualquier cosa e introducir los cambios que se deseen. Cree que los editores suelen ser muy obsesivos porque buscan de forma minuciosa los errores cometidos pero reconoce que en el fondo tienen razón.

A mí me gusta describir escenas de sexo y disfruto haciéndolo porque pienso que es un acto natural y como tal hay que abordarlo. Los personajes que creamos también tienen sus propias emociones, sus sentimientos y son imperfectos, como nosotros. Ellos también se enamoran y como nosotros, son apasionados y cometen errores. Yo disfruté mucho mientras escribía una escena de sexo en la segunda parte de El tridente del poder, llamada Laberinto en Shyros.

¿Cómo se inspiran?

A Jojo Moyes le encanta el trabajo previo a la escritura de un libro. Por ejemplo, se documenta de tal manera que incluso se desplaza a los sitios en los que se va a desarrollar la escena en busca de inspiración e información. También se inspira en su propia vida, pues según refiere, ha vivido todo tipo de experiencias. También es partidaria de salir y relacionarse con sus fans, pues al fin y al cabo escribir es un trabajo muy solitario. Sus lectores le recuerdan su función. A mí como escritora también me ocurre. Entiendo que la vida real está plagada de vivencias que estimulan la imaginación. Y por supuesto, a veces la realidad supera a la ficción.

A Ken Follet le sirve de inspiración su propio entorno personal. Él conoció a su esposa en un mitin político y tienen muchos amigos políticos que trabajan en el Gobierno. Por ello, la vida pública también le inspira.

A mí en particular me gusta mucho el momento en que con la inspiración conectas diferentes escenas de la trama de la novela como si estuvieses tejiendo, de modo que al final se genera un texto coherente y armónico. Me gusta, especialmente, el final de la obra porque apuesto por los finales impactantes. Por ejemplo, en mi novela de ciencia ficción El tridente del poder, publicada en Amazon, la primera parte La Tierra en peligro y la segunda Laberinto en Shyros tienen un final impactante. Me falta por publicar el tercero de la trilogía.

¿Cómo afrontaron su primer éxito?¿Diseñan un guión previo de su trama?

Lee opina que el éxito depende del número de lectores. Es concienste que es imposible conocer la idiosincrasia de cada lector. A razón de 2000 lectores, si él se llevase a cenar con él a cada uno cada día tardaría unos cinco años y medio en conocerles. Por tanto, él lo tiene muy claro. No escribe en función de las expectativas de los lectores sino para él mismo. Además, es un escritor brújula porque él no elabora un guión previo a partir del cual diseña la trama sino que le gusta ser enigmático, tanto que ni él mismo sabe lo que va a pasar mientras escribe.

Pero Lee sí se plantea algunas cuestiones como las siguientes: ¿les va a gustar? ¿Es creible? ¿Se sentirán lo suficientemente emocionados para seguir leyendo? Por cierto, este autor es de hábitos nocturnos, como si de una rapaz se tratase, pues escribe por la noche. Él  se considera más lector que escritor y no le gusta un boceto preliminar porque él se pregunta cuál sera él siguiente paso. Y le gusta avanzar partiendo de una buena frase inicial. Le gusta contar cierta anécdota. Él viajaba en una ocasión en un avión y vio que la pasajera de al lado leía su libro y emocionado le comentó: “Este es mi libro”. Y la señora en cuestión le respondió: “No, es mío porque lo he comprado en el aeropuerto”. ¿Se imaginan? Ja, ja, ja…

Jojo reconoce que ha tardado 18 años en tener éxito. Para Ken el proceso de planificación previo a la redacción del libro es muy importante. Él diseña el proceso creativo desde el punto de vista de diversos personajes. Escribe un resumen y lo va ampliando para que los personajes tengan puntos de vistas coherentes.

Kate Mosse se basa en la preparación y en la investigación sobre la historia que va a narrar. Hace un guión y elabora el borrador y lo va modificando en un proceso que combina emoción, intelecto y escritura. Necesita avanzar de un modo progresivo. Jojo también planifica para poder seguir una dirección concreta, de modo que tiene una mesa llena de anotaciones, notas, personajes…

Yo también elaboro un esquema previo cuando escribo novela. No así en relatos. Y recomiendo a todo escritor potencial que lleve siempre consigo una libreta en la que anote cualquier idea que le pueda suscitar un relato o novela.

Una palabra que se les viene a la mente cuando se menciona Madrid

Lee: el Real Madrid; Ken: el Palacio Real; Kate: el Museo del Prado; a Jojo le resulta más difícil porque es la primer vez que visita Madrid. Ken: una botella de vino de Pingus.

Si os apetece ver la entrevista os paso el enlace, merece la pena. Hasta pronto.

 

Fundación Telefónica. (2019). The friendship tour: Ken Follet, Jojo Moyes, Kate Mosse y Lee Child. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=jlgp6p8PSjQ

El punto de vista en los relatos

Hace algún tiempo tuve la gran oportunidad de participar en un taller de escritura impartido por una magnífica profesora, Natividad Lorenzo,  una auténtica maestra en el arte de la oratoria y la escritura. Aprendí mucho. Quiero compartir con todos vosotros algunas de las enseñanzas.

El punto de vista es el ángulo o perspectiva desde la cual contamos la historia. Es importante porque condiciona lo que se sabe y el grado de implicación. En la tercera persona se cuenta el relato desde fuera. Se consigue transmitir cierta objetividad y un distanciamiento respecto a los hechos. Es el narrador observador. Va a contar solo lo que perciben sus sentidos. No conoce la interioridad de los personajes.  Registra aquello que pasa (es una técnica cinematográfica). También la tercera persona puede ser una mezcla del narrador omnisciente y del observador.

El narrador omnisciente: conoce absolutamente toda la historia. A veces, juzga o ridiculiza a los personajes. Es como un dios que controla todo.

La primera persona: el narrador es interno. Un personaje cuenta la historia desde dentro. Puede ser un narrador protagonista (autobiográfico), por ejemplo, en “el lazarillo de Tormes” . Se consigue acentuar el realismo y objetividad de la persona. Da más autenticidad.

La segunda persona se usa poco. Es difícil si se intenta reproducir un texto hablado dirigido a un “tú”.

El narrador testigo: es un personaje secundario que presencia los hechos pero no los protagoniza aunque se pierde cierta complicidad con el lector.

El narrador enmarcaje: el narrador enmarca los personajes. Por ejemplo, sucede en “el Quijote” o en “el manuscrito encontrado”.

El narrador múltiple: se va alternando en diferentes personajes y se crean voces diferenciadas. Tiene que haber una mirada que ordene a todos los personajes y dote de sentido y coherencia al texto.  Hasta el final de la historia no se sabe lo que sucede.  Por ejemplo, en “la mujer justa”. No tendría sentido utilizar este recurso literario si no hubiese algún personaje que ocultase algo. Plantea nuevos interrogantes a la historia.

¿Cómo nos relacionamos con el personaje? ¿Cómo elegimos el punto de vista desde el que narramos la historia? Me puedo imaginar que me transformo en el personaje, con lo que sería más adecuado narrar en primera persona o si creo que puedo quedar, por ejemplo, con él para tomar un café, quizás sea más apropiada la tercera persona. Hay que meditar qué persona encaja más en el relato. ¿Somos capaces de sentir lo que experimenta el personaje? Si nos decantamos por la primera persona, hemos de cuidar las voces impostoras, es decir, aquellas que autoanalizan al personaje, como especies de voces psicológicas o explicativas. No hay que analizar lo que le pasa sino contar lo que le ocurre.

Desde la Segunda Guerra Mundial, diversos escritores empezaron a experimentar con diversas técnicas narativas (Sánchez Ferlosio, Miguel Delibes, etc.) influidos por el psicoanálisis, el existencialismo,… Así,  se usa el monólogo interior (diferente del monólogo). El discurso del hablante aparece tal y como sale de su pensamiento, sin una memoria lógica para el lector. El cerebro del personaje rumia en pasado, presente o futuro. La sintaxis se deshilvana y da pie a juegos verbales. Supone una sucesión de palabras que, a veces, no tiene sentido para el lector. Ha de ser un fragmento corto. Ej: “la muerte de Arsenio Cruz”.

Otra técnica utilizada en la segunda mitad del siglo XX es el contrapunto. Se presentan simultáneamente distintos espacios temporales en un mismo momento. Ej: “la ciudad y los perros”, de Vargas LLosas.

En la novela moderna todo está mezclado y se alternan puntos de vistas.