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El punto de vista en los relatos

Hace algún tiempo tuve la gran oportunidad de participar en un taller de escritura impartido por una magnífica profesora, Natividad Lorenzo,  una auténtica maestra en el arte de la oratoria y la escritura. Aprendí mucho. Quiero compartir con todos vosotros algunas de las enseñanzas.

El punto de vista es el ángulo o perspectiva desde la cual contamos la historia. Es importante porque condiciona lo que se sabe y el grado de implicación. En la tercera persona se cuenta el relato desde fuera. Se consigue transmitir cierta objetividad y un distanciamiento respecto a los hechos. Es el narrador observador. Va a contar solo lo que perciben sus sentidos. No conoce la interioridad de los personajes.  Registra aquello que pasa (es una técnica cinematográfica). También la tercera persona puede ser una mezcla del narrador omnisciente y del observador.

El narrador omnisciente: conoce absolutamente toda la historia. A veces, juzga o ridiculiza a los personajes. Es como un dios que controla todo.

La primera persona: el narrador es interno. Un personaje cuenta la historia desde dentro. Puede ser un narrador protagonista (autobiográfico), por ejemplo, en “el lazarillo de Tormes” . Se consigue acentuar el realismo y objetividad de la persona. Da más autenticidad.

La segunda persona se usa poco. Es difícil si se intenta reproducir un texto hablado dirigido a un “tú”.

El narrador testigo: es un personaje secundario que presencia los hechos pero no los protagoniza aunque se pierde cierta complicidad con el lector.

El narrador enmarcaje: el narrador enmarca los personajes. Por ejemplo, sucede en “el Quijote” o en “el manuscrito encontrado”.

El narrador múltiple: se va alternando en diferentes personajes y se crean voces diferenciadas. Tiene que haber una mirada que ordene a todos los personajes y dote de sentido y coherencia al texto.  Hasta el final de la historia no se sabe lo que sucede.  Por ejemplo, en “la mujer justa”. No tendría sentido utilizar este recurso literario si no hubiese algún personaje que ocultase algo. Plantea nuevos interrogantes a la historia.

¿Cómo nos relacionamos con el personaje? ¿Cómo elegimos el punto de vista desde el que narramos la historia? Me puedo imaginar que me transformo en el personaje, con lo que sería más adecuado narrar en primera persona o si creo que puedo quedar, por ejemplo, con él para tomar un café, quizás sea más apropiada la tercera persona. Hay que meditar qué persona encaja más en el relato. ¿Somos capaces de sentir lo que experimenta el personaje? Si nos decantamos por la primera persona, hemos de cuidar las voces impostoras, es decir, aquellas que autoanalizan al personaje, como especies de voces psicológicas o explicativas. No hay que analizar lo que le pasa sino contar lo que le ocurre.

Desde la Segunda Guerra Mundial, diversos escritores empezaron a experimentar con diversas técnicas narativas (Sánchez Ferlosio, Miguel Delibes, etc.) influidos por el psicoanálisis, el existencialismo,… Así,  se usa el monólogo interior (diferente del monólogo). El discurso del hablante aparece tal y como sale de su pensamiento, sin una memoria lógica para el lector. El cerebro del personaje rumia en pasado, presente o futuro. La sintaxis se deshilvana y da pie a juegos verbales. Supone una sucesión de palabras que, a veces, no tiene sentido para el lector. Ha de ser un fragmento corto. Ej: “la muerte de Arsenio Cruz”.

Otra técnica utilizada en la segunda mitad del siglo XX es el contrapunto. Se presentan simultáneamente distintos espacios temporales en un mismo momento. Ej: “la ciudad y los perros”, de Vargas LLosas.

En la novela moderna todo está mezclado y se alternan puntos de vistas.

 

Técnicas de desbloqueo

Otra profesora de escritura que tuve era una matemática y me enseñó mucho también. He aquí algunos de los temas que aprendí:

El núcleo de un relato marca el antes y el después. La primera frase es  muy importante y ha de ir muy bien vinculada al núcleo. También conviene que el texto sea visual y el lector pueda imaginarse con facilidad lo leído. Si el escritor imagina el lector también. Los olores y sabores pueden ayudar a enriquecer al personaje y dar lugar a descripciones precisas.  Italo Calvino es considerado el padre del texto moderno. La descripción (del paisaje…) enriquece la novela pero en el relato perjudica el ritmo. Las frases y los verbos marcan el ritmo del relato. La aparición de un elenco de personajes secundarios enriquecen la novela pero no el relato. La naturalidad en los personajes es elemental.

Técnicas de desbloqueo:

– LLuvia de ideas: se usa también bastante en cine y en teatro.

– Análisis DAFO: Debilidades-Amenazas-Fortalezas-Oportunidades. El propio escritor debe ejecutarlo para evaluarse a sí mismo, para que se pueda volver a escribir el relato o texto de modo que se incrementen los puntos fuertes y se disminuyan los puntos débiles. Hay que plantearse por qué no me convence lo que he escrito y entrenarse para lograr el objetivo.

– Plagio creativo: Es una de las mejores técnicas para vencer el desbloqueo. Se selecciona una obra y se reduce a términos matemáticos. Por ejemplo, en el cuento de “Caperucita roja”: A. Caperucita roja. B. El lobo. C. El leñador. D. El bosque. Se puede poner en relación A con C en D. Podemos escribir sobre un personaje similar a Caperucita que se enamora de un leñador en el bosque. También se pueden reproducir las mismas relaciones en otro contexto. Los atributos de los personajes pueden ser los mismos. El lobo representa la maldad y ubico a un personaje con maldad en otro ambiente.

– El binomio fantástico: Se escogen dos palabras que no tengan nada en común. Por ejemplo, mesa y sol. Y las relacionamos en una frase, de forma que se incremente para añadir más elementos.

Un autor sobresaliente es Gianni Rodari y escribió “la gramática de la fantasía”. La mayoría de las técnicas creativas proceden de él. Señala que la palabra es como la piedra que se lanza al río y produce la expansión de ondas concéntricas.

– Escritura automática o escribir mal: escribo sin parar durante un cuarto de hora o una página entera sin fijarme en nada, si lo que plasmo tiene sentido o no… Luego aplico el análisis DAFO y valoro lo que está mal en el relato para extraer buenas ideas.

– La fotografía: Selecciono una fotografía que represente un significado emocional para mí. Los recuerdos me ayudan. Las fotos despiertan emociones y sentimientos.

– Los periódicos: Elijo una noticia y se puede cambiar el lenguaje periodístico por el literario. O puedo fijarme en dos palabras del texto y así aplico la técnica del binomio.

No hay que escribir de forma explícita para que el lector entienda. Más bien hay que perfeccionar al personaje para que sea éste quien hable. La mejor escritura es aquella en la que no sale la voz del escritor. Hablar directamente al lector es un buen recurso porque le introduce en la historia. Pero si la trama es sobre hechos violentos entonces es mejor no dirigirse al lector.

La inspiración.

El talento es una larga paciencia así como una labor de autoconfianza. Se ha de empezar a escribir sobre aquellos temas que se conocen e incluso rebuscar en nuestra esfera emocional y sentimental. La escritura no es un avance lineal. No hay certezas de ningún tipo. En realidad, es un camino sin metas. Las certezas mayores las tiene uno consigo mismo. A escribir se aprende escribiendo. Cualquier tema de nuestra vida cotidiana nos puede inspirar: una conversación, un recuerdo evocado…

Es esencial llevar siempre una libreta de anotaciones, porque se nos puede ocurrir una idea y así la anotamos. La disciplina también es importante. Nos debemos dejar llevar por la intuición y dejar fluir los pensamientos que se nos vienen. Al principio, es mejor no borrar o corregir en exceso. Hay que dejar fluir lo que sentimos o lo que llevamos en nuestro interior (ideas, pensamientos, emociones, etc.) La corrección debe ser posterior. Incluso es bueno revisar lo escrito al cabo de unos días para madurarlo y ver si nos sigue gustando. Debemos conocer mentalmente los personajes que creamos así como los escenarios o lugares por los que deambulan. Se puede dejar lo escrito en el cajón y revisarlo al cabo de un tiempo porque nos da una perspectiva interesante. A veces, estamos “obsesionados” con cosas que gobiernan nuestra vida y es bueno permitir que fluyan en la escritura, no hay que reprimirlas.

Debemos plantearnos qué queremos conseguir. La motivación para relatar ya viene implícita en el mismo acto de escritura. No se ha de esperar algo a cambio (reconocimiento…) En realidad, es una acto en el que intervienen todos los sentidos. ¿Recordáis la fabulosa novela “el perfume” así como la importancia que cobraba el olfato? No se puede leer cualquier cosa ni de cualquier manera. Hay que leer como escritores,  como emisores y no como receptores, con un sentido crítico y libros que nos enriquezcan. Leer es básico porque aumentas el léxico, ves el estilo de otros escritores y se aprende mucho. Hay que fijarse un plazo para acabar el relato. Se llegan a vivir dos vidas, la propia y la de nuestros personajes. Escribir nos ayuda a ponernos en la piel de otros.

La observación detenida es importante. Mantener la mirada dirigida en algo durante un tiempo puede resultar muy inspirador. Qué se mira y sobre todo, cómo se mira es lo relevante. Y prestemos mucha atención a las ideas que tenemos y a las emociones que nos provocan. Si la idea no fluye lo suficiente corremos el riesgo de no conectar con nuestros lectores. Y si la idea crece muchísimo hay que ponerle un cierto límite para que no nos desbordemos. Eso estimula la imaginación y nos ayuda a centrarnos en los elementos importantes de la idea. Una idea no es un texto estructurado, sino que marca el objetivo y el contenido. El tema no tenemos por qué conocerlo con antelación sino cuando ya hemos escrito. Lo importante es tener claro la idea y el personaje, el marco espacio-temporal en el que se ubica nuestra historia. El conflicto es trascendental. Cuanto menos se emplee la casualidad mejor. Hay que utilizar la causalidad para que el relato sea creíble. La trama es un elemento básico, tanto la interna (amor,…) como la externa (policíaca,…) según lo que provoca el conflicto. Hay que tener también en cuenta la estructura del propio cuento (presentación, nudo y desenlace). A veces, un relato puede tener una estructura inversa, ya que el autor cuenta primero el final y luego la historia se centra en cómo ha llegado a esa situación. “El ahogado”, de Gabriel Gracía Marquez tiene una estructura circular, porque empieza y termina de la misma manera. ” El camino”, de Delibes, es una historia abierta.

Aspectos a tener en cuenta al escribir diferentes relatos.

Relatos de literatura fantástica:

Aunque se aborde una situación real dentro de la misma se puede presentar algún aspecto irreal. Cortazar juega mucho con lo real y con lo irreal e introduce elementos sobrenaturales o extraños en una historia real. También pueden existir mundos paralelos y fantásticos conectados al mundo real. Así sucede en “Alicia en el país de las maravillas”. El territorio fantástico puede no aparecer en el terreo real pero sí algunos de sus personajes, que atraviesan el límite fronterizo que separan ambas dimensiones. También pueden coexistir realidades alternativas. Por ejemplo, los personajes viven una pesadilla en un mundo real pero transformado.

Relatos de ciencia ficción:

Es un género más joven. Nace a principios del siglo XX. Presenta una sociedad inexistente pero derivada de una real. Se escribe de una forma prospectiva hacia el futuro. En el fondo, es un relato fantástico ubicado en un tiempo y en un espacio remotos con una base científica identificable.

Ucronías: si escribimos historias de ficción sobre lo que podría haber ocurrido si cambia el curso de un evento histórico. Por ejemplo: ¿Qué consecuencias se desprenderían si Hitler hubiese ganado la Segunda Guerra Mundial?

¿Cómo sería un mundo dominado por la robotica y por los avances tecnológicos?¿Qué consecuencias se producirían en caso de contacto con seres extraterrestres?¿Qué extremos puede alcanzar la manipulación genética?

Se tiende mucho al maniqueísmo, a distinguir entre buenos y malos. Se tiende a ser muy extremistas y no se reflejan tanto los matices intermedios.

En la utopía negativa se suele criticar a la sociedad actual. Se trata de una reflexión sobre el destino que puede alcanzar el ser humano en caso de seguir el camino actual. Suele transmitirse un mensaje catastrofista y ecológico. Si seguimos con violencia, contaminación, descuidando el medio ambiente, etc. la visión del futuro será negativa. La tendencia ciberpunk atribuye una imagen muy negativa de la sociedad de mañana. A partir de 1990, con el nacimiento de la web, la visión no será tan negativa (postciberpunk).

Otro grupo de ciencia ficción se preocupa de la influencia de la ciencia y de la técnica con aplicaciones futuras.

Relatos de aventuras:

Se caracterizan porque la vida rutinaria del personaje se ve alterada, desordenada. Siempre se persigue un propósito material o espiritual, como la venganza, la justicia, encontrar un tesoro… La aventura puede ser el fin en sí. Se diferencia de la novela histórica en que en ésta la historia es el tema central pero en la novela de aventuras la historia desempeña un papel secundario.

Nace en el siglo XIX como género literario vinculado a la novela romántica. Tiende a tener un final feliz. La trama suele avanzar a través de episodios en los que la acción predomina. El protagonista entra en contacto con otros personajes, que pueden desaparecer y reaparecer. El héroe logra el propósito. A veces, el argumento se centra en un viaje que realiza el héroe, caracterizado por la individualidad y la independencia.

También suelen ser relatos manieristas: el bueno es un héroe y el malo un villano. La moralidad está implícita, ya que el protagonista es valiente y fuerte y el villano un cobarde. El personaje principal ha de atravesar, a veces, una prueba suprema que le lleva al éxito. Al personaje no se le narra sino se le describe a través de la acción. Por ejemplo, va atado a una viga y su musculoso brazo sobresale… Para conseguir la implicación del lector se tiene que identificar con el héroe, tiene que empatizar con él. Además, el amor suele ser un elemento implícito en la historia, aunque sea de carácter secundario.

La presencia de una máscara o disfraz que oculta la verdadera identidad del personaje es importante en algunas novelas (recuérdese “Scaramocuch”), ya que le sirve para espiar o superar situaciones comprometidas.

Hay muchos tipos de héroes, pero suele predominar el jóven, con destreza en el manejo de armas. Algunos rechazan la aventura pero son conducidos a ella. Otros son unos expertos de la aventura e incluso pueden darse héroes asociales.

Hay que recordar que la acción es relevante, así como el riesgo, el misterio, la búsqueda…Interesa el tiempo, pero no el ordinario sino el extraordinario, porqué se ve alterada la vida cotidiana del personaje. El tiempo suele ser lineal, sin saltos. El espacio tiende a ser exótico e inesplorado: selvas abiertas…Es importante la descripción detallada del paisaje para que el lector visualize así como explicar los sentimientos que el entorno genera al protagonista. Así el lector se sentirá uno con el personaje, de forma que se ubique en abismos, desiertos, estepas… Pero tiene que ser verosímil. En la contraofensiva final se resuelve el conflicto. En el epílogo final el héroe tiene la posesión anhelada y el villano recibe su castigo por sus fechorías.

El cuento

El cuento es una forma tradicional oral. Es un relato breve de hechos imaginarios. Su carácter es narrativo aunque también puede se poético. Es breve y de intensidad emotiva, con sencillez lingüística y un número reducido de personajes. Su argumento no ha de ser excesivamente complejo y un elemento clave ha de sostener la trama.

Tipos de cuentos:

– Populares: tradiciones transmitidas por vía oral. Pueden existir distintas versiones de una misma historia.

– Literarios: Son escritos y antiguos. Por ej: relatos del conde Lucanor.

La estructura del cuento es la misma, aunque pueden producirse diferentes versiones. La normalidad se altera por algo y al final se consigue vencer al mal.

Estructura del cuento:

A nivel tradicional existe un planteamiento, un nudo (acciones o sucesos que ocurren y que suponen una ruptura con la normalidad) y un desenlace (reodernación de la normalidad o solución al problema).

Es distinto un final incompleto o abierto, en el que se proponen al lector distintas posibilidades y un cuento inacabado, en el cual parece que el cuento se corta con brusquedad y genera frustración.

El final puede ser sorpresivo, circular, abierto, etc. No debe faltar nunca el nudo o el conflicto, aunque a veces no aparezca en la superficie de la historia.

El cuento ha de tener unidad, de forma que se tiene que leer de principio a fin de una sola vez, sin que se pierda su efecto narrativo. El cuento debe ser como una flecha lanzada directamente al corazón del lector. Tiene más relación con la poesía que con la novela.

Para Allan Poe el efecto del cuento ha de determinar el impacto del mismo. Debe ser planificado con frialdad y a conciencia.

El cuento ha de ser breve, y se ha de poder leer entre treinta minutos y dos horas. Deben abundar las frases breves, sugeridoras. Hay que mantener un ritmo narrativo de tal forma que no se produzcan vacíos y gane en intensidad. No todo narrador es un buen cuentista, pero todo buen cuentista ha de ser un buen narrador. Se ha de cautivar al lector desde el principio hasta el final.

El cuento también se caracteriza por la polisemia, es decir, puede tener muchos significados y depende de la competencia narrativa del lector el descifrar el más adecuado.

Cortazar refiere que un buen cuento ha de tener una atmósfera inquietante y atrapar al lector con la historia.

Ha de tener una economía en los elementos, de forma que debe ser intenso y prescindir de la descripción del ambiente. Debe también rebasar los límites de la ubicación histórica, debe ir más allá de la localidad y apunta más hacia lo universal que la novela.

El cuento debe regirse por la austeridad, como si lo más interesante es lo que le ocurre al personaje pero narrado de tal forma que podría sucederle a cualquiera.

Según Horacio Quiroga el cuento tiene tres criterios:

– Autonomía narrativa.

– Autarquía.

– Un final preconcebido antes de empezar a escribirlo.

La extensión de las frases condiciona el ritmo y la atmósfera. Cuando se quiere generar suspense se deben usar frases cortas, impactantes, son como golpes secos.

Se pueden realizar cambios de registros lingüísticos, de tal forma que no se ha de mantener inalterable el tono de voz. Se han de tener presentes las características psicológicas de los personajes.

La corrección del texto es tan importante como su elaboración. Se debe sugerir. Hay que resistirse al impulso de añadir adjetivos. Y se ha de encontrar el adjetivo exacto.

Se debe reestructurara el pasaje completo si hay problemas para recrear la atmósfera ambiental. Es bueno corregir generando una cierta distancia, es decir, cuando han transcurrido unos pocos días desde que lo escribimos. El texto breve o relato, al contrario que en una novela, se debe corregir de un tirón, para que no interfiera en el tono, porque si no el cuento fracasa. El exceso de información no es bueno. No hay que pasarse. Hay que diferenciar tres tipos de información:

– Los datos conocidos por el escritor pero no usados en el texto.

– Los datos conocidos por el escritos que también son conocidos en el texto pero de un modo indirecto.

– Aquellos datos que van a aparecer claramente en el relato.

Por ej. Hemingway expresó que “el viejo y el mar” podría haber tenido más de 1000 páginas, pero no quiso ofrecer al lector absolutamente toda la información y una parte de la misma quedó sumergida por el efecto iceberg. La técnica del iceberg es muy utilizada por este autor porque entiende que el lector comprende la historia sin que salgan todos los datos a la superficie.

Bibliografía:

“Cómo escribir un artículo” de Julio Cortázar. Prólogo en los cuentos de E. Allan Poe en Ed. Anaya.